Trail Porto Moniz

 Perdiéndonos en los cruces.

Última salida del año y en principio la más exigente. Madrugamos, llevamos ropa para cambiarnos y así poder disfrutar de las piscinas naturales de Porto Moniz, y montamos en el coche con buen ánimo.

La carretera a Porto Moniz es más virada, ya que apenas tiene túneles, y el piso está en peor estado. Cuando estamos acercándonos al pueblo se cruza en medio de la carretera un policía que nos obliga a dar un rodeo debido a una prueba deportiva. ¡Malditos ciclistas! Llegamos con un poco de retraso al pueblo, aparcamos en unas plazas en las que sólo se puede estacionar durante 30 minutos y salimos a dar un recorrido de unas 5 horas.

Esta ruta está bien señalizada. Los paneles informativos y flechas nos marcan el camino hacia arriba. Entramos en la pronunciada ladera entre dos adosados y de repente la vegetación cubre la senda. Apenas se puede transitar entre las zarzas y los arbustos. Parece claro que el sendero lo limpian en época de trail y está semiabandonado el resto del año. 

Ascendemos y ascendemos, cruzamos la carretera y el camino sigue parecido de cerrado. Llegamos finalmente a Levada Grande, el pueblo donde realmente comienza el trail. Seguimos escalando, pero ahora el desnivel es mucho menor. Como su propio nombre indica existe una levada, una acequia, muy espectacular a la salida del pueblo. Acostumbrados a las levadas en falso llano nos sorprende cómo el agua está canalizada en largos descensos que nosotros recorremos al revés, subiendo por una especie de escaleras esculpidas en la montaña. El bosque se cierra con madreselvas que han perdido todas las hojas en otoño y aún no las han recuperado. Es sin duda la levada más bonita y apenas vemos gente por la zona.

Salimos del camino de la acequia y enseguida descendemos hasta la carretera. Vemos un panel que señala hacia la derecha, así que seguimos por la carretera a pesar de no ver ninguna señal más. Isidro y Jesús han dado marcha atrás y examinan la única entrada que hemos visto, pero allí no hay ninguna señal. Seguimos descendiendo por la transitada carretera que lleva hasta Porto Moniz y, finalmente nos damos cuenta que henos perdido el recorrido. Decidimos seguir hacia abajo y buscar una solución después. 

Llegamos a un cruce y escudriñamos el panel informativo de un PR. Nos va a permitir, en principio, transitar un rato fuera de la carretera. En ese momento hacemos un alto en el camino para comer un tentempié. 

A pesar de lo que parecía regresamos a la carretera y la falta de arcenes de la misma, unido al tráfico continuo, nos hacen tomar un sendero con una levada que parece que lleva hasta el siguiente pueblo, Santa María Madalena.

Una vez en el pueblo seguimos hacia la plaza de la iglesia y continuamos por una carretera local que nos acerca al track inicial. Auxi comenta que un restaurante local por el que pasamos está muy bien considerado y decidimos parar a comer. No reservan mesas y hay que esperar, al menos, 20 minutos así que decidimos continuar hasta Porto Moniz y después regresar.

Comenzamos el pronunciado descenso observando porto Moniz abajo, en la lejanía. En un momento de la bajada nos encontramos con un cartel del trail. Comprobamos por dónde viene el recorrido y descubrimos que es por la parte exterior del acantilado y que está bastante lleno de vegetación. Así que nos felicitamos, a pesar de "comernos la carretera", por no habernos encontrado con semejante problema.

Llegamos al pueblo y notamos que, a diferencia del otro día, está lleno de turistas. Hace muchísimo viento y el mar se cuela con fuerza en las piscinas naturales. La sensación térmica es baja, así que decidimos obviar los planes de bañarnos e ir directamente a comer.

Que Talho da Santa es un asador se nota enseguida. Tiene dos puertas y en una de ellas se observa a un hombre afanado en cocinar en un enorme horno de leña, madera acumulada a sus espaldas. La temperatura junto al fuego es infernal. No reservan así que, debido a la alta demanda, tenemos que esperar unos 30 minutos a que se libre una mesa adecuada. Mientras, tomamos unas cervezas, baratísimas, en el bar y colmado llamado Proverbio y que se sitúa justo enfrente. La espera merece la pena. Sentados en unas mesas altas nos dejamos aconsejar por el camarero venezolano que nos atiende y pedimos varios espetos, de salchichas y carne de vacuno, para compartir, acompañados de patatas fritas y una especie de croquetas de maíz. El punto de la carne es muy bueno y todo el mundo disfruta de la comida. Restaurante para carnívoros disfrutones.

Como parece costumbre en esa zona, cruzamos la calle y tomamos el café en el populoso Proverbio. Vuelan también los helados y espirituosos. Estamos contentos por la etapa del día.

Retornamos a la casa para descansar, preparar las maletas y hacer una cena final de despedida con una barbacoa en la casa. Pena que el tiempo tampoco nos dejara disfrutar de la cómoda terraza. Mientras comemos ya estamos pensando en el año próximo. 


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