La lluvia nos cambió el plan y eso nos provocó algún dolor de cabeza.
A pesar de que el día anterior habíamos diseñado una ruta circular que salía desde la misma casa en Faja de Ovelha, al levantarnos nos encontramos con un día gris, ventoso y muy lluvioso. Finalmente decidimos cambiar de planes e ir a hacer algo de turismo.
Apenas había gente por Porto Moniz paseando. La lluvia se había ido hacia otros lares de la isla, aunque el viento hacía estragos en el mar. Paseamos por las dos piscinas naturales de la isla, compramos pan, Paco se compró un, muy poco discreto, gorro local, y descubrimos gracias a una marquesina una ruta de un trail que utilizaríamos más adelante.
Con la mejora de la climatología decidimos comprar algo de comida en el super y hacer una ruta. Nos acercamos para ello a Sao Vicente y a la PR 16, la levada Fajã do Rodrigues.
Es una ruta breve, pero que empieza pronto con las dificultades. El agua ha anegado el estrecho camino junto a la levada y por algunos tramos es complicado transitar. Los saltos de agua y las cascadas son continuas en un espectacular recorrido.
De repente nos encontramos con un túnel de unos 100 metros de largo. Como estábamos precavidos hemos llevado todos frontal para poder explorar estas galerías. El siguiente túnel ya será más complicado. La galería tiene aproximadamente un kilómetro de largo y se estrecha bastante en varios puntos, por lo que el transito es complicado cuando de cruzan dos grupos y uno de ellos tiene que buscar un resquicio en la pared para poder dejar paso libre al otro. Además, a veces la galería es más baja y si estás atento al suelo puedes llevarte un buen coscorrón, como descubrieron Isidro, Jon y Salva. Incluso descubrimos un charquito de sangre en ele suelo quizás debido a este motivo.
Al otro lado del túnel descubrimos una naturaleza agreste, salvaje, bella, intacta. Un autentico rincón ancestral. La humedad era increíble y el agua desbordaba la montaña por todos los lados. Una autentica belleza.
El sendero acaba abruptamente en una cascada y no hay más salida, tenemos que retroceder. Recorremos el túnel con más destreza que en la ida y sin ningún incidente reseñable. Nos encontramos ahora más tráfico que a la ida y nos tenemos que pegar a la pared con más frecuencia. Aún así andamos mucho más seguros y ligeros viendo el final del túnel acercarse. Es una experiencia interesante estar tanto tiempo recorriendo la galería, de tal manera que llegas a perder la noción del tiempo discurrido.
Cuando llegamos al otro lado del túnel paremos más maduros, más expertos en espeleología y miramos con conmiseración a los turistas que se asoman, novatos, a la boca de esa oscuridad.
Llegamos hasta e coche y decidimos comer, pero la lluvia trunca nuestros planes y nos obliga a marchar. Regresamos a la casa cruzando la rápida carretera que cruza la isla de sur a norte desde Sao Vicente.
Por la tarde decidimos dar una vuelta y encontrar las claves del recorrido del día siguiente. En Paul del Mar vemos las enormes paredes de los acantilados y observamos el marcado sendero. Preguntamos a un chico que pasea unos perros y nos recomienda la senda que sale desde el puerto, en vez de la que nosotros pensábamos ascender. Nos dirigimos al puerto y allí nos sorprende una enorme tromba de agua, por lo que tenemos que refugiarnos en un bar todo mojados. La verdad es que no hemos tenido nada de suerte con el clima.
Seguimos por la carretera y a pesar de la amenaza de lluvia damos un agradable paseo por el pueblo de Jardim do Mar. No es demasiado grande, pero es aconsejable para una visita. Entre las pocas opciones del pueblo elegimos una para cenar.
Joe´s bar parece un típico pub inglés, aunque la carta no lo confirma. Nos instalan en un patio interior cubierto. Hace frío, pero no se está tan incomodo. Pedimos unas raciones para compartir y el atún gusta a la mayoría, no así el pollo y las cananas. El servicio resulta ágil y agradable. Lo mejor resultará el precio, sorprendente para la cantidad servida y engullida. Ideal para comer cantidad a un precio irrebatible.
Regresamos a la casa tras una jornada bien aprovechada y con la satisfacción de haber salido casi indemnes del túnel.





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