MADEIRA 2026



Madeira, el jardín del Atlántico, la isla de la eterna primavera, la isla de los pájaros, la perla del Atlántico, la patria chica de Cristiano Ronaldo... Pero sobre todo la isla de los ingenieros.

La naturaleza es la gran ingeniera. Capaz de crear del fuego y el agua una isla volcánica en medio del Atlántico con enormes acantilados de 500 metros y picos que aferran las nubes para evitar que se marchen demasiado lejos. Es capaz de diseñar un biotopo exótico, de madreselvas y helechos, diferente y milenario que perdure y salga adelante aún con la competencia de otro gran diseño suyo, el ser humano.

Y el humano aprendió de su madre y se volvió ingeniero también. Más de 100 km de túneles horadan la tierra, facilitan enormemente la movilidad en una isla tan montañosa y separan muchas veces climas e incluso estaciones. Entrar en un subterráneo dejando atrás un soleado día de piscina y salir en medio de una niebla propia del noviembre londinense. Entrar en el siguiente túnel de seguido y surgir en un enero atlántico con nubes plomizas descargando agua sin parar. Eso también es Madeira. Pudimos admirar la uniformidad en la construcción y la destreza de los ingenieros que diseñaron grutas con fuertes pendientes, ora hacia arriba, ora hacia abajo.

Más de 2.000 km de acequias ancestrales, las levadas, construidas para amansar el agua de lluvia cayendo sin control, y a diario, por enormes cascadas y torrenteras y ahora convertidas en enorme atractivo turístico inundado por turistas "activos". Estos viajeros buscan y encuentran en la comodidad de unos senderos sin apenas desniveles la esencia última y antiquísima de la isla. La de unos habitantes que fueron más allá de las dificultades orográficas de la isla para diseñar un lugar en el mundo más civilizado y apropiado para su día a día.

Muchas eran la expectativas que llevábamos y pocos los conocimientos de lo que nos íbamos a encontrar. Esta era la primera experiencia kangrena centrada en un campamento base, en Faja de Ovelha concretamente, y que no planteaba ruta con principio y fin sino circulares e intercambiables. Algún libro y pagina web consultados parecían resultar suficientes para diseñar rutas atractivas diarias, pero rápidamente nos dimos cuenta de que no y la culpabilidad colectiva por la falta de información se tornaron en afán de compensar lo no consultado previamente.

Sabíamos lo que queríamos, pero nos dimos cuenta que no sabíamos cómo conseguirlo. Así que varios días estuvimos dando vueltas hasta lograr cambiar esa sensación y finalmente lo logramos.  

Esta es la historia.



 

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