Levada Prazeres-Calheta

En busca de la "Central" que nunca apareció. 

La casa que habíamos elegido estaba increíble. Bien equipada, cómoda, bonita, en un entorno maravilloso, en un acantilado con el horizonte marino hacia el oeste como vista privilegiada. Todo un lujo al que no estábamos demasiado acostumbrados, tras años de fríos albergues y hostales con cucarachas. Costaba dejar la casa y salir a caminar. Sobre todo porque no tuvimos demasiada suerte con el tiempo.

Como primera toma de contacto y sin haberlo preparado demasiado decidimos aparcar el coche en Prazeres y salir a caminar. Dejamos los coches junto a una pizzería y salimos hacia arriba en busca de alguna señal de senderista. Poco después nos encontramos en una loma con una especie de cantera y una ruta sin salida, así que decidimos dejar de deambular sin rumbo y buscar algo más seguro.

Tras mucho preguntar y consultar hayamos la levada, la acequia típica de Madeira. Decidimos tomarla en dirección al pueblo de Calheta, en busca de la "Central", el punto final de la misma. La ruta es plana, muy sencilla de andar, más allá de algunos pequeñas represas, y está enmarcada en un bosque de eucaliptos de todos los tamaños.

Andamos con buen animo, buen ritmo y buena conversación, encontramos palos con los que ayudarnos en el camino durante las siguientes etapas y tras unos kilómetros hayamos un edificio de bombeo de agua para la población de Prazeres. 

Decidimos continuar con la esperanza de llegar a la "Central" y con la referencia de que esta se encuentra "a una hora y media" caminando. Los kilómetros pasan, no tenemos apenas comida, no hay forma de salir de la ruta hacia una localidad y la puñetera central se niega a aparecer, así que tras un par de conatos decidimos desandar nuestros pasos y regresar al coche por donde hemos venido sin visitar la "Central". Esta, sin duda fascinante, visita queda pendiente para mejor ocasión.

Al retornar observamos a varios turistas tan perdidos como nosotros ante la falta de cualquier indicación, aunque peor equipados, y ante la perspectiva de una ruta que no ofrece demasiado interés pasados los primeros 15 minutos.

Tras desandar más de 10 kilómetros hacemos un alto en el camino para comer antes de retornar a la casa.

Abrigo dos Prazeres nos recibió un poco tarde y ofreciendo un "prato do día" de pollo y arroz que estaba bastante bien. El trato del único chaval que atendía fue muy amable y sus consejos positivos, aunque quizás tardaban demasiado en la cocina. Dos pidieron el plato del día y los demás se decantaron por el espeto de vacuno que les encantó. El precio estuvo muy acorde con la calidad. Recomendable.

La etapa resulto fallida y poco recomendable, aún así os dejamos el track, pero no hace ninguna falta.


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