Madrugamos para poder hacer, esta vez sí, un verdadero día de senderismo kangrena. Y vaya si lo fue.
La mañana era fría, pero al fin despejada y no se veía ni un coche por la carretera de acceso al PR6, así que nos las prometíamos felices. Entonces descubrimos que había muchos, muchos, que habían madrugado aún más que nosotros. Aparcamos en un descampado "ad hoc" y nos dirigimos a la salida de la ruta. Visto lo visto el día anterior habíamos decidido pasar de pagar el canon y de reservar, ya que no se veía ningún control. Nadie vigilaba los accesos.
Tomamos primero la levada en dirección a Lagoa Dona Beja, una espectacular cascada. La humedad de la levada junto al frío de la mañana no dejaba calentar los músculos, pero el animo era bueno. Tras hacer este primer sendero, descendimos un poco por una pista transitada y muy sencilla de andar y llegamos hasta una segunda cascada en un nivel inferior a la anterior, pero en la misma torrentera.
Cada vez había más gente en los recorridos, pero de momento era bastante transitable. Descendimos a un tercer nivel, o más concretamente a una tercera levada, y hayamos un bar. La gente comía dentro y fuera del local mientras los pajarillos trataban de robar la comida descuidada. Junto al bar estaba el parking de minibuses que acercaban al parking de coches. Allí vemos a un empleado con un chaleco amarillo y huimos sigilosamente por si nos pide la acreditación. En un poste se indica claramente el QR para hacer el pago y se indicaba que era obligatorio hacerlo, pero nosotros seguimos a lo nuestro.
En ese ramal de la levada hay ya mucha más gente, en busca de la catarata más espectacular de todas, las Cascada de las 25 fuentes. En un principio la senda era más ancha, pero una vez superado un puente se estrecha a la altura de una escalera y da problemas de movilidad entre los que salen y los que entran. Ahora entendemos aquello de las citas y los pagos. Si está de esa manera en temporada media baja ¡cómo estará en agosto!
Llegamos hasta al cascada, tomamos unas fotos, comemos el bocadillo y regresamos poco a poco en dirección al coche. Lo único que tenemos que hacer es sortear al empleado del chaleco verde fluorescente. El grupo se separa porque un guía local bastante mal encarado impone que su grupo tenga prioridad frente al resto de excursionistas. Al llegar a la zona del parking de buses, parece que el empleado está descansando en su garita, así que nadie nos impide el paso y hacemos la ascensión por la carretera de forma mas cómoda.
Ascendemos sin prisa pero sin pausa hasta el aparcamiento para descubrir que hay muchísimos más coches de los que había a la llegada. Aparcan por todos los lados, pero eso en esa isla es de los más habitual. Decidimos regresar al restaurante del primer día, pero la experiencia no va a resultar similar.
Abrigo dos Prazeres nos acoge de nuevo. Cambiamos la comanda y fallamos. Paco elige el plato del día y varios optan por el bacalao, a pesar de que el camarero hace notar que tardará un rato en prepararlo. El pescado desalado tan famoso en Portugal resulta pasado de punto y poco estimado. El plato del día no le gusta nada a Paco. Jon pide un espeto de pollo y resulta correcto. Dos y no más.
La ruta es muy bonita, accesible, bien indicada, pero demasiado populosa. Recomendable para ir con niños, pero poco exigente deportivamente, a pesar de haber alargado los senderos que se ramifican aquí y allá.





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